Microbiota…?

Si hablamos de órganos, todos pensamos inmediatamente en el hígado, los pulmones, el páncreas, el corazón, etc. Pero pocos son los que asociarían esta temática al denominado ‘órgano olvidado’ (o al menos lo fue para la comunidad científica hasta épocas no muy remotas). Me refiero, concretamente a un órgano capaz de influenciar las más diversas áreas de nuestra salud: desde nuestros estados de ánimo hasta el 80% del sistema inmune. Esto es a groso modo, pero hilando más fino se ha encontrado que este órgano cumple hasta 20.000 funciones biológicas.

Teniendo ya una idea de la vital importancia que cumple este, nuestro ‘órgano olvidado’, pongámosle, pues, nombre y apellido: Microbiota Intestinal. Se trata de los microorganismos que habitan nuestro tracto digestivo, con una clara predominancia de bacterias. Para que afinéis vuestra imagen sobre estos diminutos huéspedes: por cada célula nuestra, se calculan 10 integrantes de la microbiota. Y si cambiamos de unidades, nos encontramos que el conjunto total podría estar pesando de 1 a 1,5 kilogramos.

Sin este cuerpo de microorganismos, no sería posible nuestra vida. Esta relación simbiótica, de mutualismo entre anfitrión y huéspedes, lleva no menos de 2.6 millones de años.

¿Y qué puedo hacer por ella?

Alimentarla y no dañarla

Es fundamental que comprendamos qué factores modulan el delicado equilibrio de las poblaciones de bacterias, para así no sólo poder beneficiarlas con nuestras acciones, sino también para aprender cómo no perjudicarlas.

Lo que sí. Si centramos nuestra atención en lo que ellas necesitan, entonces una palabra se iluminará en nuestro escenario mental: FIBRA. Pero no cualquier tipo, sino aquellas catalogadas como fermentables.

Lo que no. Si nos preguntásemos ahora qué factores inciden peligrosamente sobre nuestros amigables huéspedes, nos resultará útil recordar dos conceptos: Azúcares y Tóxicos.

Lo sé, la amplitud que abarcan ambos es demasiada. Por ello, vamos a empezar acotando, parcialmente, uno de ellos: los tóxicos.

Aprendiendo a no dañarla

Dentro de lo que podría englobar la palabra ‘tóxicos’, se abre un extenso abanico de posibilidades que iremos aprendiendo a reconocer en sucesivas entradas. Con fines didácticos, hoy nos centraremos sólo en dos:

Antibióticos. El primer mortal enemigo de nuestras bacterias son los antibióticos. Por ello, deberemos empezar a limitar cada vez más todo ingreso innecesario de los mismos a nuestro organismo. ¿Y dónde se encuentran en la dieta? En lácteos industriales (y todo producto que los contenga), carnes industriales (bovina y porcina -procesada y sin procesar-, aves y pescados) y huevos que no sean de campo.

Agroquímicos. Otro grupo de sustancias que deberemos ir minimizando: frutas y verduras de cultivo intensivo, pues los agroquímicos presentes en éstas también afectan a nuestra flora intestinal.

La lógica detrás de lo que hago

En esta instancia, pueden preguntarse: ‘¿y entonces, concretamente, qué hago?’. Lo primero es tener bien presente que existen comercios (y cada vez más) que ofrecen productos orgánicos. Quizás una opción sea empezar comprando sólo un alimento o un pequeño grupo de ellos libres de tóxicos. Y luego, más adelante, ir sumando otros.

Sí, suelen ser más caros, pero son una inversión en salud. Muchas patologías modernas tienen sus raíces en años de consumir sustancias que el organismo no puede procesar correctamente y en una microbiota gravemente desequilibrada. Luego, el sistema médico convencional, fríamente desvinculado de todo ello, atribuye el origen de las enfermedades, por ejemplo y con excesiva frecuencia, a los genes, ofreciendo convenientemente un costoso tratamiento. ¿No sería más lógico invertir nuestro dinero en calidad de vida (prevención) y no en tratamientos? Claro que sí, pero requiere un cambio de paradigma…y encima individual.

Entonces, para resumir, un importante paso que podemos decidirnos a dar, es empezar a comprar vegetales, huevos, carnes y lácteos (si los consumimos) orgánicos. Al menos un grupo, o bien una parte de éste.

Por algo se empieza, y es por la decisión. Esta a su vez nace y se robustece con el conocimiento en el mejor de los casos, o bien al darnos ‘la cabeza contra la pared’.

¿Ya elegiste de dónde nacerá tu decisión para mejorar tu vida? Elige sabiamente.

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