Microbiota: qué importancia tenía?

En esta entrada continuaremos explorando y conociendo un engranaje fundamental de nuestra maquinaria biológica: nuestro órgano olvidado, la microbiota.

Tal como vimos en el primer artículo de esta serie, estamos hablando del conjunto de microorganismos que albergamos en nuestro tracto gastrointestinal, que superan a nuestras propias células en proporciones abultadas: se calculan 10 microbios por cada célula nuestra. Dicho de otro modo, la carga genética de nuestros huéspedes supera ampliamente a la del anfitrión, o sea la nuestra propia.

Desde lo netamente funcional, se ha logrado vincular a este órgano a la codificación de aproximadamente 20.000 funciones biológicas. (1)

Visto desde la más ruda simpleza, podemos afirmar que así como estén de saludables nuestros pequeños huéspedes, lo estaremos nosotros…y viceversa.

El agua y la microbiota

No está de más repasar brevísimamente lo aprendido en el primer artículo. En éste, hicimos hincapié en la importancia de empezar a tomar conciencia sobre qué alimentos traen consigo dos tipos de sustancias sumamente tóxicas para nuestra microbiota: antibióticos por un lado, y agroquímicos por el otro. Los primeros, aprendimos, están en productos animales industrializados (huevos, lécteos, carnes, aves y pescados; frescos y procesados). Los segundos, en frutas, verduras y semillas que han sido industrailizadas. Concluimos esa entrada enfatizando que debemos empezar, poco a poco, a valorar el impacto que reviste ir incluyendo cada vez más alimentos orgánicos en nuestra dieta.

Vamos a sumar hoy una importante estrategia para preservar a nuestra microbiota: el agua que tomamos y con la que cocinamos. Hay dos elementos químicos que son antagónicos con la vida de nuestros huéspedes y suelen estar presentes en la vida cotidiana de muchas personas. Ellos son:

  • Cloro (Cl): presente en el agua de red, precisamente porque es bactericida. La solución es adquirir un filtro. Los hay muy variados: desde los de carbón activado hasta los de ósmosis inversa. (2)
  • Flúor (F): Este elemento puede aparecer tanto en el agua de grifo como en la embotellada, por lo cual un filtro de agua extiende su efectividad del punto anterior a este. Para quienes compran agua, la recomendación es buscar marcas que no estén fluoradas, o al menos lo estén mínimamente. (3)

Entonces…

No se trata de querer hacer todo junto y de golpe. Como veíamos en este artículo, lo que cuenta son los pequeños pasos.

Lo primero es saber bajo qué circunstancias vivimos, y cómo podemos mejorarlas. Luego, tomar al menos un solo punto de lo aprendido (aquel que creamos más factible de realizar), y ponernos en campaña por hacer ese cambio singular, que no tiene que ser de la noche a la mañana, pero sí ir avanzando al respecto.

Referencias

  1. http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112013000300001
  2. http://theweirdlife.com/microbe-mondays-chlorinated-water/
    https://tspace.library.utoronto.ca/bitstream/1807/73104/1/cjm-2016-0219.pdf (206-207)
    https://highintensityhealth.com/jeff-leach-human-food-project-reveals-results-of-gut-bacteria-on-a-paleo-diet/ (9:13)
  3. https://www.guthealthproject.com/how-tap-water-affects-gut-health/
    https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27199224

 

 

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