La decisión

A medida que nos volvemos más conscientes acerca de la alimentación, empezamos a vernos en la necesidad de recalibrar viejas costumbres; una de ellas es cuando detectamos la desequilibrada (e inculcada) inclinación a los dulces que podrían tener nuestros hijos. Y me refiero en esta ocasión, específicamente a aquellos alimentos dulces e industrializados a los que la gran mayoría de los niños se ha acostumbrado a acceder de forma diaria.

Para quienes estén motivados a tomar acciones al respecto, les comparto algunas ideas que pueden poner en práctica.

Lo primero es entender y aceptar la situación como un proceso de cambio, que será transitado tanto por el niño como por uno, teniendo muy presente que no es de un día para el otro, sino de un modo paulatino, con buenas dosis de paciencia y firmeza.

Y qué le doy?

Sin preparación

Una premisa que nos será de gran utilidad, es minimizar la compra de todo alimento que venga con lista de ingredientes. En este sentido, y ofreciéndoles aún algo dulce, podemos optar por la fruta fresca. Si elegimos la banana, busquemos aquellas que no provengan de Ecuador, por su alto nivel de fumigación. En general, cuanto más manchadas, y pequeñas, mejor. Si conseguimos frutos rojos orgánicos (arándanos, moras, frambuesas), estaremos optando por frutas bajas en fructosa y muy altas en antioxidantes. Cuadraditos de coco fresco, es otra muy buena alternativa, no sólo por la baja cantidad de azúcar, sino por el poder saciante de su grasa y fibra (esta última opción requiere un mínimo de preparación: abrir coco, cortar cuadraditos).

Cuatro preparaciones sencillitas

Si contamos con algunos minutos, podemos elaborar en nuestra casa alguno de los siguientes snacks:

Caramelitos de dátil: habiendo descarozado algunos dátiles, procedemos a cortarlos en rodajitas, esparcirlas en una placa de horno, y dejarlos que se cocinen un rato en el horno a baja temperatura (menor a 150 grados centígrados). Para saber si están, retirar uno, dejar enfriar, y si éste se endurece, retirarlos a todos y dejarlos enfriar.

Bocadito de dátil y almendra: reemplazar cada carozo de dátil por una almendra, y volver a cerrarlo. Si nuestra inspiración, materiales y tiempo son los adecuados, podremos bañarlos en chocolate amargo (70% o más).

Crocantes escamas de coco:  éstas suelen venderse en dietéticas; sino se hacen caseras desde el coco entero, utilizando un pelapapa o mandolina. Se distribuyen en una placa de horno, y se les agrega un poquito de sal no-refinada (marina, rosa, etc), para luego darles un breve y suave golpe de horno. Estar atentos, pues se doran muy rápido.

Frutos secos: si bien la forma óptima de consumirlos es después de haberlos activado y deshidratado, si los tostamos brevemente será mejor que no hacer nada. El por qué de estos procedimientos se vincula con la posibilidad de minimizar su contenido de antinutrietes (por ej. el ácido fittico, que roba minerales de nuestro organismo). Asimismo, la sugerencia es no consumir más de un puñado, pues su aporte en ácidos grasos poliinsaturados del tipo omega 6 posiblemente no esté siendo compensando con la cantidad adecuada de omega 3 en el balance total de nuestra dieta.

Cómo lo implemento?

Respetando la premisa básica de no realizar grandes cambios de golpe, una posible implementación podría ser:

  • Primer semana: 3 días se continúan los snacks tal y como venían, y 2 días se introduce la propuesta nueva.
  • Segunda y tercer semanas: 2 días de viejos snacks, y 3 de los nuevos.
  • Cuarta semana: 4 días los nuevos, 1 día los viejos.

Teniendo en cuenta cómo responde el niño, continuaremos propiciando, de forma amable, su re-adaptación hasta lograr eliminar los productos industrializados.

A medida que avancemos en el cambio global de nuestra alimentación, el tema de los snacks podría verse modificado nuevamente, pero por algo se empieza, y es por la decisión de hacer cambios; y por algo se sigue, y ésta es una opción factible.

En próximas entradas, iremos ampliando el tema. Mientras tanto, manos a la obra!!

 

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