Estamos continuamente esperando que venga alguien que -consideramos- sabe, y nos diga cómo son las cosas. Somos -más o menos- obedientes a la autoridad de turno, pues nos refugiamos en el comportamiento aprendido desde chicos, que dictamina que es sensato hacerle caso al que sabe. Yo más bien diría que lo es escucharlo. Claro, si mi criterio y/o intuición han determinado que fulano sabe sobre cierta materia, lo mejor que podría hacer entonces es escucharlo, y sacar yo lo que decida o pueda sacar en limpio.

Esto se ve con muchísima nitidez en lo que a modelos dietarios se refiere. Si lo dice el doctor tal, o el autor de tales libros, debe tener algo de cierto, no? porque el tipo dedicó su vida a investigarlo. Pero lo que quiero resaltar no es el grado de fidelidad a la realidad de las palabras del gurú de turno, sino la actitud crédula del aprendiz o seguidor, que torna en su mente automáticamente la enseñanza en una verdad. Por qué no experimentarla, y luego sacar las propias conclusiones? Uno puede pretender (simular) que es verdad, para explorar a fondo el tema, pero sabiendo muy internamente que el grado de veracidad irá saliendo solo a la superficie, con el correr de la misma experiencia. Y más aún si tenemos en cuenta que para cada individuo la verdad es única.

Si nos animamos a ahondar un poco en los orígenes de esta actitud tan generalizada que podríamos resumir como “tendencia del individuo de supervalorar una fuente externa, por sobre sí mismo”, creo que tarde o temprano nos vamos a topar con un modelo social que enseña a los niños a ser principalmente obedientes. Se apela, tanto en lo familiar como en los centros educativos, a que las personas hagan caso.

Si el orden que se busca tiene que ver con la convivencia, entonces se debería desarrollar la consideración y la empatía por el otro. Si, en cambio, lo que se busca es impartir conocimientos sobre una materia dada, sería tanto más útil poner énfasis en desarrollar el criterio del individuo, valiéndose de su curiosidad, inteligencia y demás herramientas que estimulen su capacidad de contribuir e incluso innovar en dicho área. Pero en cambio, el paradigma convencional se basa en tratar al ser humano, ya sea en su estadío inicial, pasando por todos los siguientes e incluso y muy especialmente en su etapa universitaria, como recipientes de información que deben aceptar como cierta y seguir divulgándola. He ahí el por qué continuamos nuestro tránsito por la vida aceptando lo que otro (al que tildamos de sabiondo) nos dice que es la verdad. Es el método aprendido.

Moraleja

Si deciden probar y salirse de la cómoda posición de fiel seguidor de una fuente externa (la macrobiótica, veganismo, dieta paleo, antroposofía, tal escuela de yoga, tal religión, tal rama filosófica, etc etc etc) y empiezan a seguir lo que su misma vida y experiencia están diciéndoles, quizás se topen con su verdad, única para cada uno.

 

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